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Invierno en la meseta: Ankara y los valles del norte

2 min

Tras un otoño inusualmente cálido, el cuerpo pedía el rigor de un invierno de verdad. Y con esa intención viajamos a Ankara, buscando el frío seco de la meseta de Anatolia y el refugio del calor familiar.

La capital turca funciona a un ritmo distinto al de Estambul. Es una metrópolis de contrastes donde la modernidad administrativa convive con barrios que retienen un carácter antiguo y empinado. Pasear por Samanpazarı o subir al Castillo de Ankara permite ver la ciudad desde su origen, con sus casas otomanas asomándose a la ciudadela. En la falda de la colina, el Pirinç Han, un antiguo caravasar reconvertido en refugio de anticuarios y talleres, mantiene una atmósfera suspendida en el tiempo, ideal para tomar algo lejos del ruido exterior.

La vida social de la ciudad se desplaza hacia el barrio de Kavaklıdere, donde la densidad de bares y restaurantes parece no tener fin, o hacia la solemnidad de Anıt Kabir, el mausoleo de Atatürk, que define el perfil de la capital. Entre las mezquitas, la de Hacı Bayram destaca por ser el centro espiritual de la ciudad, siempre concurrida y flanqueada por las ruinas del Templo de Augusto.

Del corazón de Anatolia a la región del mar Negro

Desde Ankara, la geografía se abre en varias direcciones, permitiendo escapadas que cambian radicalmente el paisaje de la meseta:

  • Hacia las montañas de Ilgaz. El invierno aquí se vuelve rotundo. La nieve cubre por completo los bosques de abetos, creando un entorno silencioso y blanco que poco tiene que ver con la aridez del centro de Anatolia. Es un lugar donde el frío se siente en los pulmones y el paisaje invita a caminar con calma entre los pinos.
  • Amasra y el Mar Negro. El descenso hacia la costa lleva a esta pequeña península. Amasra es un pueblo de pescadores encajonado entre acantilados, con casas de madera que aguantan el salitre y un puerto que, incluso en invierno, mantiene su actividad. Sus atardeceres sobre el Mar Negro tienen una luz metálica, muy distinta a la del Mediterráneo.
  • Los lagos Abant y Gölcük. Son dos espejos de agua rodeados de densos bosques. En esta época, las orillas están cubiertas de escarcha y el aire es especialmente puro. Son lugares que se recorren a pie, sin más pretensión que observar cómo la niebla baja de las montañas y se posa sobre el agua.
  • Beypazarı y Kızılcahamam. Beypazarı conserva el aire de una ciudad minera y comercial de la época otomana. Es conocida por su delicada artesanía en plata (telkari) y por sus famosas galletas de mantequilla, que son el sello de identidad local. Cerca de allí, Kızılcahamam aprovecha sus aguas termales para ofrecer un respiro de humedad y calor antes de regresar al frío seco de la capital.

Este recorrido por el centro y el norte de Turquía no busca el espectáculo visual de las guías, sino la sobriedad de una tierra de extremos, donde el invierno dicta el paso y la hospitalidad se encuentra en los detalles más pequeños.

Montañas de Ilgaz
Montañas de Ilgaz
Amasra
Amasra

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