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Viaje al pasado romano

Roma es un enorme museo de arte e historia al aire libre. Cada rincón de la capital italiana atesora espléndidos monumentos heredados de su pasado imperial y de sus épocas de máximo esplendor. La ciudad entera, con su prodigioso paisaje urbano, es un escenario digno de película.

Roma antigua

El corazón antiguo de la ciudad, cuna de la civilización occidental, alberga los grandes símbolos del pasado romano: los foros, el Monte Palatino y el Coliseo. Originalmente, el sitio era un terreno pantanoso, pero a base de ingenio y determinación se drenaron las aguas y allí se puso en marcha un fuerte centro de poder. Pasear hoy entre las ruinas del Imperio Romano es una forma cercana y personal de experimentar lo que fue.

Roma tiene otro núcleo: el conocido como centro storico, la ciudad histórica intramuros, un laberinto de callejuelas adoquinadas que discurren entre animadas plazas, mansiones renacentistas e iglesias barrocas. Parece construido adrede para pasear entre edificios monumentales, como el soberbio Panteón de Agripa, y elegantes espacios abiertos, como la alegre Plaza Navona.

Quirinal

La colina del Quirinal, por su parte, acoge varios monumentos imponentes:

  • la impactante Fontana di Trevi, fuente rococó con figuras esculpidas en gigantescos bloques de mármol;
  • el Palacio del Quirinal, que ofrece espléndidas vistas de Roma; y
  • el Palacio Barberini, una mansión barroca que hoy alberga una destacable galería de arte.

Vaticano y Borgo

Dentro de la ciudad se encuentra el estado soberano más pequeño del mundo: la Ciudad del Vaticano, sede central de la Iglesia Católica Romana. Se extiende en torno a la basílica de San Pedro y atesora admiradas obras de arte en los Museos Vaticanos, donde se encuentra la Capilla Sixtina, con la icónica bóveda pintada por Miguel Ángel.

A un lado, domina el vecino barrio de Borgo el emblemático Castillo de Sant'Angelo. Frente a él, el antiguo puente peatonal que da acceso, sobre el río Tíber, regala unas vistas inmejorables.

Foro Romano

Foro Romano

Borgo y río Tíber

Borgo y río Tíber

Trastévere, Monti y Tridente

Pero la metrópoli que en otro tiempo fue caput mundi (capital del mundo) no es solo una mezcla de ruinas, arte y cultura. También es vida callejera. La ciudad invita a disfrutar de la dolce vita en tres de sus barrios:

  • el Trastévere, bohemio y colorido, una de las zonas más animadas, bajo la fresca colina del Janículo;
  • el barrio de Monti y Esquilino, que esconde numerosos bares y cafés de moda; y
  • el Tridente, elegante y glamuroso en una maraña de calles que se extiende entre Piazza del Popolo y la frecuentada Plaza de España, con su atractiva escalinata.

Villa Borghese

Mención especial merecen los jardines de Villa Borghese, cuya elegante decadencia es parte de su encanto, entre pinares que parecen salidos de un cuadro paisajista. Cuenta con atractivos singulares, tales como el reloj de agua del Pincio o la apacible Fuente de Esculapio, en cuyo embarcadero se pueden alquilar botes de remos para disfrutar del entorno navegando entre nenúfares, tortugas y carpas.

Gastronomía

En el terreno culinario, la gastronomía romana es característica por sus dos platos emblemáticos, cocinados con reglas inmutables: la pasta, siempre seca, cocida al dente y rematada con pimienta y queso pecorino; y la pizza, de masa fina y con pocos ingredientes.

Pero no menos típica es la cucina povera, o sea, la casquería gruesa y sencilla, toda una seña de autenticidad, aunque no apta para estómagos flojos. Es el recetario de supervivencia que prosperó en Italia desde finales del siglo XIX y que ha pervivido hasta hoy.

Plaza de España

Plaza de España

Villa Borghese

Villa Borghese

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En definitiva, la capital italiana, una de las ciudades más románticas y sugerentes del mundo, cautiva tanto por sus grandes monumentos como por los pequeños detalles. Ofrece un sinfín de placeres en una apasionante mezcla de evocadoras ruinas, maravillas artísticas y arquitectónicas, buena gastronomía y una animada vida callejera.

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