Escuchar al compositor alemán Enno Poppe es como observar un proceso botánico a cámara rápida. Su música rechaza el estatismo; funciona como un organismo vivo. Su método traslada a la partitura el sistema de Lindenmayer, utilizado para modelar el crecimiento de las plantas. Poppe siembra una semilla musical, una idea sencilla, que germina, se multiplica y gana cuerpo hasta desplegar una estructura compleja ante nuestros oídos.
Lejos del frío ejercicio intelectual, el resultado es una música colorida, enérgica y a ratos deliciosamente revoltosa. Sus obras esconden siempre una dimensión lúdica.
Lo genial de Poppe reside en que cada pieza gira en torno a un gesto muy reconocible. Esto permite al oyente no perderse: basta con seguir el hilo de esas pequeñas frases mientras se transforman y varían sin descanso. Es una experiencia auditiva ingeniosa y, en resumen, una auténtica delicia.
Si ver a Poppe interpretar su propia obra supone siempre un acontecimiento, en los últimos meses he tenido la suerte de vivirlo por partida doble, en Frankfurt y en Barcelona. Dos conciertos únicos para sumergirse en su universo.
Rundfunk
Rundfunk (2018) es una locura para nueve sintetizadores que rinde homenaje a la radio. El ensemble mosaik fue el encargado de estrenar esta pieza, y lo hizo en el escenario idóneo: los estudios de la Radio del Suroeste de Alemania (SWR). La elección cobra todo el sentido, pues los estudios radiofónicos sirvieron de incubadora histórica para el nacimiento de los sonidos electrónicos.
En esta oda a los viejos tiempos, Poppe recrea timbres antiguos y los reensambla en una polifonía fascinante. La obra trae ecos de los legendarios Minimoog y otros teclados icónicos de los años 60 y 70, convertidos en un espectáculo sonoro donde los ritmos parecen tropezar a velocidades de vértigo. Es la prueba definitiva del dominio del autor sobre el pulso y la transformación sonora.
Rundfunk ha sido una de las piezas centrales del festival cresc... 2020, en Frankfurt, dedicado a explorar la relación «HUMAN_MACHINE». Para redondear la noche, el programa incluyó el animado Ballet mécanique (1926/1953) de George Antheil, una pieza cuya instrumentación radical encaja a la perfección con ese espíritu futurista.
Trauben
Si Rundfunk mira a la máquina, Trauben (2004) es un estudio intenso sobre la madera y la cuerda del violín, el violonchelo y el piano. El ensemble mosaik defendió en Barcelona esta partitura en la que Poppe juega con la personalidad de cada instrumento.
La obra brota de una célula germinal que el compositor describe como «una molécula formada por dos átomos»: una sinergia que entrelaza cuerdas y piano. Desde esa base, la música gana complejidad y densidad hasta levantar una «superestructura» sonora. Esa tensión acumulada se disuelve solo hacia el final, donde asoma una línea melódica con aires árabes, una sugerencia sutil sin caer en la cita directa.
Hemos podido escucharla en L'Auditori, durante las Sampler Sèries. El recital ofreció un menú degustación de exploración tímbrica, completado con obras de compositores como Lisa Streich o Manuel Rodríguez Valenzuela, todos unidos por el mismo afán de estirar los límites del sonido.
