InicioCuaderno de viajeCosta de Occitania

La magia francesa del litoral occitano

Bañado por la luz, el cálido sureste de Francia es un derroche de colorido. Tras haberme sumergido en la belleza salvaje de la Côte Vermeille durante varios veranos, llegó la hora de explorar nuevas latitudes del litoral francés. El nuevo destino —la costa occitana— reúne un buen número de carismáticas localidades, a pie de mar y en el interior, en las que todo está al alcance de un paseo.

Sète

La villa pesquera de Sète es conocida con el sobrenombre de la «pequeña Venecia del Languedoc». Pintoresca y variopinta, esta isla singular se compone de siete barrios, si bien los más carismáticos son:

  • la Pointe-Courte, el colorido barrio de pescadores;
  • los distritos de los muelles, un peculiar laberinto de puentes y canales; y
  • el barrio de la colina (Saint-Clair), más residencial.

El principal encanto de esta localidad son los canales que la recorren. El Canal Royal, en particular, punto de amarre de los barcos de pesca, concentra los mejores restaurantes. Y acoge también una tradición de más de tres siglos: las justas náuticas, un combate que dura varios días y en la que cada contendiente, armado de lanza y pavés, sobre una barca impulsada por diez remeros, debe lograr que el adversario caiga al agua.

Sète destaca además por su exquisita gastronomía. Las ostras que se cultivan en la vecina laguna de Thau tienen buena fama, bien merecida, y forman parte de la carta de muchos restaurantes a ambos márgenes del canal. También es esencial la tiella, una empanadilla de pulpo y especias que preparaban como desayuno las familias italianas del jovial Quartier Haut, el barrio alto, de casas modestas, conocido como la «pequeña Nápoles».

Canal Royal, Sète

Canal Royal, Sète

Narbona

Fundada por los romanos, Narbona, la primera colonia establecida fuera de Italia, es hoy una ciudad relajada con un largo pasado y un rico legado cultural.

En el casco antiguo destaca un monumento excepcional: la catedral gótica de San Justo y San Pastor, una construcción del siglo XIII que, aunque inacabada, es sublime y digna de admiración. De la misma época, es también llamativo el Palacio de los Arzobispos, con ampliaciones de estilo gótico y una torre con vistas a la ciudad. Justo delante, en medio de la plaza del Ayuntamiento, se puede ver un fragmento de lo que fue la Vía Domitia, la primera calzada romana construida en la Galia.

No menos curioso es el Puente de los Mercaderes, que recuerda al Ponte Vecchio de Florencia y es uno de los escasos puentes aún habitados de Francia. Está construido sobre el Canal de la Robine, muy bien cuidado, que forma un entorno muy agradable y convida a visitar el mercado de alimentos frescos (Les Halles), recién coronado como el mercado más hermoso de Francia, todo un festín para los sentidos.

Canal de la Robine, Narbona

Canal de la Robine, Narbona

Montpellier

Con su espíritu joven, Montpellier reúne todo el encanto de una ciudad occitana por su rico ambiente cultural y la abundancia de terrazas, restaurantes y tiendas.

En su centro histórico destacan elementos como la imponente catedral gótica de San Pedro de Montpellier, característica por sus torres cónicas, la peculiar Torre de la Babotte, la animada Place de la Comédie o la amplia Promenade du Peyrou, entre el Aqueduc Saint-Clément y la Porte du Peyrou. De camino hacia el río Lez, ofrece un singular contraste el distrito de Antigone, un barrio elegante y moderno con una línea estética de inspiración neoclásica, marcada por Ricardo Bofill.

Esta ciudad atesora además la facultad de medicina más antigua del mundo, que hoy pertenece a la Université Montpellier y da fe del largo pasado universitario de Francia.

Barrio de Antigone, Montpellier

Barrio de Antigone, Montpellier

Nimes

Convertida en colonia bajo el Imperio Romano, Nimes conserva suntuosos monumentos que son testigo de la importancia que tuvo la ciudad. Su glorioso pasado lo evocan vestigios grandiosos, tales como:

  • la Arena de Nimes, el anfiteatro mejor conservado del mundo romano;
  • la Maison Carrée, el único templo del mundo antiguo conservado en su totalidad;
  • la Torre Magna, una torre de vigilancia de 18 m de altura;
  • la Puerta de Augusto, una de las 14 puertas de la antigua muralla; y
  • el Castellum, punto de llegada del acueducto de Nimes, una ruina excepcional por su rareza.

Nimes experimentó numerosas mejoras en el siglo XVIII. La más importante fue la creación de los Jardines de la Fuente, hoy el lugar de paseo preferido de los nimeños.

Arena de Nimes

Arena de Nimes

Agde

Conocida como «la perla negra del Mediterráneo», Agde debe su apodo a la piedra de basalto volcánico empleada en sus edificaciones, lo que le confiere a la localidad ese carácter oscuro, único en el sur de Francia.

Esta pequeña ciudad milenaria se encuentra en los confines de tres aguas: el río Hérault, el Canal du Midi y el Mediterráneo. Y fue el comercio marítimo, de hecho, lo que convirtió a Agde, con el paso de los siglos, en una urbe floreciente.

La zona costera, por su parte, es muy animada. La localidad del Cap d'Agde es popular por sus playas de arena fina, que cuentan con atracciones acuáticas, modernos clubes de playa y un concurrido puerto deportivo repleto de cafeterías, bares y boutiques.

Agde

Agde

Pézenas

Pézenas, en el corazón del Hérault, se asienta sobre calles pavimentadas con una historia rica de la que da fe la abundante arquitectura medieval y clásica. Su centro histórico, asentado sobre calles empedradas, guarda el encanto de sus casas burguesas del siglo XVI y de sus hoteles particulares de los siglos XVII–XVIII, su época dorada. Es una villa para callejear sin rumbo y descubrir los lujosos palacetes que atesora.

Fue además lugar de estancia predilecto para el dramaturgo Molière y su Illustre Théâtre. Su gran herencia ha convertido a esta localidad en una villa dedicada al teatro, aunque también acoge una larga tradición artesanal que le ha concedido el sello de «Site d'Art et Métiers» (lugar de artes y oficios).

Gracias a su actividad comercial, Pézenas fue una ciudad floreciente de cuyos intercambios queda hoy el gran marché alimentaire de los sábados, donde se encuentran productos regionales y vinos con denominación de origen.

Pézenas

Pézenas

Béziers

Eclipsada por sus vecinas Narbona, Perpiñán y Carcasona, la ciudad de Béziers es una gran desconocida. Alzada sobre una colina a los pies del Pont Vieux, un vistoso puente de piedra sobre el río Orb, su casco antiguo invita a perderse por las callejuelas para disfrutar de las tiendas y los cafés.

Su patrimonio histórico es modesto, pero abarca varios lugares de interés:

  • las 9 esclusas de Fonseranes, toda una proeza de la ingeniería fluvial;
  • la majestuosa Catedral de Saint-Nazaire, de apariencia un tanto inusual con sus torres de castillo; y
  • el umbrío paseo de las alamedas Paul Riquet, en cuyos extremos se encuentran el interesante Théâtre Municipal y el parque paisajístico del Plateau des poètes.
  • Quien quiera alejarse del tumulto urbano, puede también darse una vuelta por el antiguo cementerio, que presenta ecos del parisino Père-Lachaise.

Ayuntamiento de Béziers

Ayuntamiento de Béziers

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