Viaje a Kiev

Un viejo propósito me ha llevado a Kiev, una de las capitales más desconocidas de Europa, que en su día fue la ciudad más importante de la Unión Soviética, después de Moscú y San Petersburgo. Hoy sorprende por su arquitectura religiosa y sus monumentos seculares.

Kiev es conocida como «la ciudad de las cúpulas doradas». Las cúpulas de las iglesias ortodoxas son una herencia arquitectónica del Imperio Bizantino. Coronadas con una cruz que simboliza la conexión entre la tierra y el cielo, su silueta de «cebolla» representa la llama de una vela y, con ello, las palabras de Jesús: «Yo soy la luz del mundo».

Entrar en un templo ortodoxo es como adentrarse en un mundo nuevo de luz y color. En el interior de cada templo se percibe una ornamentación muy rica y la presencia abundante de iconos, una verdadera necesidad para el alma ortodoxa.

El Monasterio de las Cuevas es uno de los monumentos más venerados del mundo ortodoxo. Es un lugar único en el mundo, un complejo enorme en cuyas 28 hectáreas hay multitud de iglesias, monasterios, campanarios, un museo y las cuevas que le dan nombre. El Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas es otra maravilla imprescindible. Destruido varias veces, el interior mantiene su estilo bizantino original, mientras que el exterior se reconstruyó al estilo del barroco ucraniano. Y la magnífica Catedral de San Vladímir, por su parte, es una perla artística increíble, un ejemplo vívido de la arquitectura bizantina rusa.

Repartido en dos islas en medio del río Dniéper se encuentra el Hidroparque, un parque paisajístico-recreativo creado como un complejo de entretenimiento con actividades de agua. Además de playas, paseos en bote y atracciones de agua, ofrece un entorno agradable y panorámicas singulares de Kiev.

En el interior de este parque hay un lugar realmente singular: Kachalka, el gimnasio al aire libre más grande del mundo. Se construyó durante la época soviética con chatarra reciclada de fábricas. ¡Parece material de tortura! Quien quiera ponerse en forma no necesita acudir a ningún local exclusivo; puede disfrutar de manera gratuita de las más de 200 máquinas ensambladas de manera artesanal. Aquí el culto al cuerpo no tiene límites. Ni siquiera la edad es un obstáculo.

Viajar en metro tiene sus recompensas. En particular, la estación de Arsenalna, construida a 105,5 metros bajo tierra en pleno centro de Kiev, es la más profunda del mundo. Bajar hasta los andenes es casi un viaje al centro de la Tierra. Tal profundidad se debe a que el metro de Kiev se ideó para usarse como refugio nuclear durante la Guerra Fría.

Otro lugar peculiar es el Cementerio de Báikove no es precisamente una atracción popular, pero la visita, aunque no suene a planazo, es toda una experiencia. Allí están enterrados muchos ucranianos famosos. Y también de visita obligada es el Museo de la Gran Guerra Patriótica. Nos recuerda lo terrible de la guerra y que todavía hoy la misma Ucrania está en guerra, una situación a la que Europa está, lamentablemente, dando la espalda.

Aunque ha sido un viaje memorable, me ha producido sentimientos encontrados alojarme justo frente a la Plaza de la Independencia. Grandiosa y siempre animada, también ha sido testigo de episodios agitados de la historia reciente de Ucrania, como la Revolución Naranja y el Euromaidán. La plaza interseca con Khreshchatyk, la calle principal de Kiev, una de las calles más anchas del mundo. Destruida por completo por las tropas del Ejército Rojo durante la 2ª Guerra Mundial, se reconstruyó en estilo neoclásico estalinista.

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