InicioCuaderno de viajeEstocolmo

Dos horas en Estocolmo

La capital sueca la forman catorce islas conectadas por idílicos puentes y miradores que invitan a la contemplación. Este prodigio del diseño urbanístico merece recorrerse con detenimiento para disfrutar de su elegancia y riqueza arquitectónica.

No he podido rendirle tal homenaje. Mi pretexto para visitar Estocolmo ha sido una larga conexión entre vuelos que me ha dejado apenas dos horas para catar la ciudad. Y sorprende lo que da de sí tan escaso tiempo. La clave está en aprovechar la rapidez del Arlanda Express, el tren de alta velocidad que conecta el aeropuerto de Estocolmo con la estación central en solo 18 minutos. Allí empieza la cuenta atrás, como si se tratase de un concurso de telerrealidad.

Cruzar el canal de Klara Sjö hacia la isla de Kungsholmen le acerca a uno al Ayuntamiento de Estocolmo, un característico edificio de ladrillo rojo junto al mar, con una torre coronada por un farol. Si el edificio es impresionante, no lo es menos la panorámica que puede contemplarse de las islas vecinas desde el extenso jardín interior.

El puente Centralbron conduce a la isla de Riddarholmen, en cuya iglesia (Riddarholmskyrkan) se organizan festivales de verano, y después al casco antiguo de la ciudad, Gamla Stan, una isla pequeña y animada con calles adoquinadas y edificios de los siglos XVII y XVIII. Esta zona alberga la catedral medieval de San Nicolás, el palacio real de Estocolmo (Kungliga slottet) y el parlamento de Suecia (Riksdag). También hay elegantes bistrós de cocina nórdica moderna y locales en los que disfrutar de la vida nocturna, como bares tradicionales y coctelerías elegantes.

Tras saborear el ambiente romático y el entorno marítimo del casco antiguo, es momento de cruzar alguno de los puentes hacia el del frondoso parque Kungsträdgården, característico por sus cafeterías, y adentrarse así en el distrito de Norrmalm. Este animado barrio comercial es popular por las tiendas de ropa y diseño de la calle Drottninggatan y sus alrededores. También destaca por su gran oferta cultural. Dan fe de ello las obras de teatro y ballet de la Ópera Real de Estocolmo (Kungliga Operan), las exposiciones de arte y la danza moderna del Kulturhuset Stadsteatern y la música de orquesta de la Sala de Conciertos de Estocolmo (Stockholms Konserthus), de estilo neoclásico.

Y aquí es donde la cuenta atrás llegó a su fin y marcó el momento de regresar al aeropuerto. Esta visita relámpago ha dejado mucho por ver y saborear, pero bien ha servido como degustación. Esta maravillosa ciudad, ciertamente, merece una segunda oportunidad.

Contenido destacado