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Copenhague y Malmö, entre la ficción y la realidad

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El impacto visual de series como Forbrydelsen, Bron/Broen o Borgen ha generado un interés renovado por la estética del norte de Europa. Esa atmósfera de tonos fríos y realismo social fue el punto de partida para recorrer Copenhague y Malmö, dos ciudades que comparten una fisonomía marcada por el diseño y una calma estructural.

Viajar en junio ha permitido comprobar cómo la luz del solsticio disuelve las sombras y estira las jornadas hasta casi eliminar la oscuridad. Ambas capitales están unidas por el puente de Øresund, una obra de ingeniería que funciona como el cordón umbilical entre las dos sociedades que retrata la ficción.

Copenhague

El ritmo de la capital danesa impone un silencio inusual para una gran metrópoli. Copenhague parece articulada para el peatón y el ciclista; sus calles amplias y el orden del tráfico facilitan un recorrido sin las urgencias habituales de otras capitales. Esa sensación de organización se traslada también a su arquitectura, donde la solidez del castillo de Rosenborg convive con la ligereza contemporánea de la Ópera o el colorido de los muelles de Nyhavn.

En medio de este trazado, la estatua de la Sirenita resulta un hito casi anecdótico, a menudo eclipsado por el carácter real de los barrios. Durante el mes de junio, la vida se desplaza por completo al exterior para aprovechar una claridad perpetua que acompaña a las cenas en las terrazas y a una actividad nocturna que transcurre sin que el cielo llegue a oscurecer del todo. La gastronomía local refleja también esa apertura, con una mezcla de tradición danesa e influencias externas que define el pulso actual de la ciudad.

Malmö

Pese a su condición de tercera metrópoli sueca, Malmö conserva un aire sosegado y una escala que facilita el recorrido a pie. Su fisonomía actual responde a una transformación urbanística profunda, donde la arquitectura consciente y el desarrollo sostenible han dejado de ser conceptos teóricos para definir el carácter de sus barrios.

Esa vocación de cambio se refleja también en una identidad multicultural que aleja a la ciudad de cualquier imagen uniforme. El trazado de las calles permite transitar desde la sobriedad en ladrillo de la catedral de San Pedro o el ayuntamiento hasta la silueta girada del Turning Torso y los sistemas de drenaje natural del barrio de Augustenborg. Más que un catálogo de arquitectura contemporánea, este entorno funciona como un núcleo donde la mezcla de comunidades dicta el ritmo de los mercados y las galerías. Al final, el recorrido permite asomarse a una versión real de ese modelo de bienestar sueco, donde la convivencia y el pragmatismo verde forman parte de la infraestructura cotidiana de sus habitantes.

Copenhague
Copenhague
Malmö
Malmö

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